Medical Humanities e inteligencia artificial

Existe unmalestar generalizado que envuelve todo el panorama de la salud y que afecta alos pacientes y sus familias, a los profesionales que trabajan a pleno ritmo enlos hospitales y en el territorio, pero también a los administradores y a losresponsables de las políticas públicas. La insatisfacción está muy extendida,incluso ante los esfuerzos realizados para atender las necesidades de salud delas personas, cada vez mayores y a menudo inéditas. Por grandes que sean losrecursos invertidos, siempre queda la clara sensación de que son insuficientesy de que ni siquiera alcanzan el nivel esencial al que aspiran pacientes yprofesionales. Es como si un virus hubiera penetrado en nuestro ServicioNacional de Salud, privándolo de eficacia, al menos en el plano subjetivo: laspersonas quisieran de nuestro sistema sanitario algo más, algo mejor, algo mássignificativo. No se trata solo de una cuestión de recursos económicos. Setrata, más bien, de una cuestión de recursos humanos. Algo que devuelva una dimensiónmás humana a la relación médico-paciente, al significado mismo de la enfermedady del malestar, superando barreras y obstáculos tecnológicos, para volver adescubrir una mirada relacional rica en competencia y comprensión, llegandohasta la compasión cuando sea necesario. Algo que convencionalmente llamamosMedical Humanities, es decir, una medicina en la que quien cuida y quien escuidado se encuentran en esa línea fronteriza que es el umbral de nuestrahumanidad compartida, con sus límites y sus enormes recursos.
Los cambios queestán afectando a nuestra sociedad a un ritmo cada vez más acelerado nosimponen a todos un cambio decidido de paso, si queremos captar su sentido y susignificado sin dejarnos arrastrar por ellos. El panorama de la salud, si locontemplamos en toda su amplitud, es uno de los más difíciles de interpretar,incluso para quienes están profundamente involucrados en él, porque refleja unvuelco radical de perspectiva. En el centro de la reflexión de la medicinamoderna se encuentran las patologías crónicas, la vulnerabilidad fisiológicadel anciano, la multiplicación de las formas de discapacidad. Todo ello obligaa superar el desfase que con los años se ha ido creando entre las necesidadesde asistencia médica y las necesidades de tipo social, para reconstruir unenfoque integrado, sociosanitario, en el que la enfermedad, el malestar y lapérdida de autonomía se midan y se aborden a partir del impacto que tienen enla calidad de vida del sujeto y en la resiliencia de su red social.
Es necesario yurgente cambiar nuestra mirada sobre la formación que recibe el personalsanitario, y que no involucra solo a médicos y enfermeros, sino también a todaslas demás profesiones que contribuyen a crear ese bienestar integral que elpaciente y su familia necesitan de forma constante y urgente. Hablamos de lasMedical Humanities, que se revelan cada vez más necesarias en cada etapa, nosolo del proceso diagnóstico-terapéutico, sino también del sociorrehabilitador.Se empieza a reflexionar sobre las Medical Humanities desde el momento mismo dela prevención, imaginando dar cuerpo a una perspectiva One Health, en la que lavisión de todos los responsables de la toma de decisiones contribuye a captarlos infinitos vínculos que unen nuestra salud con el contexto biológico, socialy cultural que nos rodea. Situarse en la óptica de las Medical Humanitiessignifica no olvidar nunca que quien sufre es un ser humano, que no tiene solouna historia clínica, ordenadamente recogida en un expediente sanitario, sinouna biografía propia y específica; una historia que no puede reducirse solo auna lista de los llamados problemas emergentes, porque a menudo los problemasmás importantes son precisamente los que no emergen y necesitan ayuda parasalir a la luz. El cine, el teatro, la poesía, pero también muchas novelascuentan la historia de personas que sufren, sin saber bien de qué sufren ni porqué sufren, y muestran emociones que apenas logran aflorar o que, cuando lohacen, parecen haber perdido su punto de equilibrio. Es la música, el contactocon una obra de arte, lo que despierta una vivencia de la que brota un recuerdoque poco a poco se ilumina y adquiere coherencia y consistencia. Y también elmalestar se disuelve y se atempera en una perspectiva de esperanza.
Todo puedeinfluir en nuestra salud, y de hecho así ocurre, aunque no nos demos cuenta deello y tendamos a crear vínculos lógicos de causa y efecto de manerareduccionista. Es precisamente sobre el antiguo principio de causalidad quedebemos volver a concentrarnos, para descubrir algunas falacias que setransmiten desde hace tiempo y revalorizar, en cambio, las nuevas preguntas desentido: no solo el cómo, sino también el porqué. La tecnología, y más aún labiotecnología, nos ofrecen respuestas cada vez más sofisticadas sobre el modoen que los acontecimientos se encadenan entre sí, y la inteligencia artificiallogra identificar caminos interpretativos inéditos. Comprender los mecanismosque vinculan causas y efectos ha sido siempre un desafío esencial para eldesarrollo del pensamiento científico. Esencial, pero no suficiente: no bastacon entender cómo ocurre un fenómeno si no se captan sus razones, sus porqués,sus significados, que crean vínculos profundos con el mundo de las emociones,los valores, las relaciones interpersonales: todo aquello que siempre hemosconsiderado competencia exclusiva de las Medical Humanities. Esa miradarelacional fuerte y profunda que une al paciente y a quien lo cuida, y que nopocas veces incluye a todo el núcleo familiar.
Resulta entoncesinteresante repensar la formación en medicina asumiendo dos coordenadasesenciales: la inteligencia artificial, que parece monopolizar el debate sobrela relación con las tecnologías emergentes, y las Medical Humanities, quetradicionalmente involucran tanto a los estudiantes de los primeros años como alos profesionales expertos, de manera distinta, pero no disímil. León XIV hablóde Magnifica Humanitas al abordar el tema de la inteligencia artificial,creando un puente semántico de rara potencia interpretativa. Si queremos captarqué profundo dinamismo se activa con el recurso a la inteligencia artificial,no podemos perder de vista el valor extraordinario de nuestra humanidad. Y es alo largo de este camino, tradicional e innovador al mismo tiempo, que lasMedical Humanities están descubriendo una nueva oportunidad, una suerte desegunda juventud. Son, de hecho, el antídoto más poderoso contra una especie detecnorrobotización del cuidado, allí donde se pretende incluso sustituir al personalencargado del cuidado por dispositivos de máxima eficiencia, pero sumamentepobres en el plano relacional. A más tecnología debe corresponder máshumanidad, hasta llegar a descubrir lo que algunos comienzan a llamar lasTechnological Humanities... No debemos deshumanizar la relación médico-pacientereduciéndola a un nivel casi mecánico de prestaciones equivalentes; debemos,más bien, esforzarnos por una humanización capilar, constante y generalizada delos gestos que el cuidado requiere.
Está regresando aun primer plano la nostalgia de un tiempo pasado, de un enfoque de la formaciónque recuerda la belleza y la riqueza de una relación médico-paciente en la quela amistad recíproca adquiría matices de confianza absoluta y de compartir profundo.Cuando no estaban en juego ni el paternalismo médico ni la necesidad de unaautodeterminación exasperada; se buscaba, más bien, tomar juntos las decisionesnecesarias para garantizar el máximo bienestar de ambas partes, dentro de unalógica de decisión consensuada en la que la responsabilidad también pertenecíaa ambos, con el pleno reconocimiento de su dignidad.











