Magnánimas y magnificentes: Mujeres ante el desafío de armonizar su vida personal, familiar y laboral.

Hablemos del desafío que tenemos las mujeres para balancear la vida.
El trabajo, sea por: necesidad y búsqueda de sustento, de progreso, de éxito profesional, de autoafirmación y de muchos otros motivos por los cuales las mujeres trabajamos, aparte de las labores de casa, siempre tendremos el reto de armonizar la vida personal y familiar frente a todo lo que nos preocupa y nos ocupa. La maternidad es un don que no solo aplica a las mujeres que dan a luz, es para todas; la mujer es don y tarea, como la describe el Papa San Juan Pablo II en la Carta Encíclica “Mulieris Dignitatem”, donándose incondicionalmente, y para lograrlo, necesita de todas sus habilidades y competencias, pero sobre todo de redes de ayuda.
El rol de la maternidad está inserto en la esencia de la mujer, su capacidad alocéntrica siempre atenta, dispuesta y anticipada a lo que hay a su alrededor, la pone en guardia en todo momento, en todos sus ámbitos y roles. Es por esto que cabe destacar que la mujer es magnánima, siendo capaz de ver más allá de lo inmediato, de anhelar y soñar, obteniendo lo que necesita para ella y los que le preocupan, incluso poniéndose en segundo plano; pero también es magnificente; animando, multiplicando y potencializando todos los recursos y sus propios talentos, poniéndolos al servicio de los que ama y de aquellos que se ponen frente a su vida necesitados de protección, escucha, cuidado y cariño.
En este año tuve la oportunidad de participar en varios foros de mujeres, hablando de armonía, trabajo y familia, reafirmando que el reto es complicado; el mundo contemporáneo nos sitúa frente a múltiples roles. Me atrevo a decir que, en muchas ocasiones, adquirimos compromisos innecesarios sin darnos cuenta del momento o etapa del ciclo vital que estamos viviendo; terminando desgastadas, enfermas y sintiendo culpa por no cumplir con tantas tareas, y el ciclo de la vida no espera: tiene etapas importantes que afectan el balance de la vida cotidiana. Aprovecho para reforzar el cambio de la palabra balance por la palabra armonía, ya que el balance nos pone ante la resistencia de la división y de la sobrecarga, provocando muchas veces tensión, pensando que todo debe estar perfecto, cayendo en culpas por el incumplimiento en cualquier rol que se tiene. Es por todo esto que la palabra armonía nos pone en contexto de poder conjugar las actividades de nuestros roles, sumando la cooperación y apoyo de otros, logrando los objetivos; es echar mano de redes de apoyo que nos ayudan con las múltiples tareas que asumimos las mujeres en la vida cotidiana, por ejemplo: el cuidado de los hijos mientras estamos trabajando; la ronda de madres o padres de familia de los colegios para llevar y traer de casa; las canastas de alimentos para los hijos en actividades extraescolares; el apoyo de alguien en el cuidado de nuestro familiar enfermo en casa o en un hospital; la ayuda en casa ante una dificultad física; la escucha sincera para desahogar algún problema o pena; innumerables actividades y labores que se pueden resolver con los vínculos de ayuda, personas con las que se puede lograr la armonía de la vida en el trabajo y el cuidado de la familia. Pensemos en esto: la armonía hace que todos los instrumentos cumplan un rol importante en una gran orquesta, logrando tocar una magnífica melodía. De esta misma manera, nosotras en la vida logramos esa armonía con las personas que conforman nuestra red de ayuda. La Dra. Marian Rojas Estipe, en su libro Personas vitamina, constantemente nos hace reflexionar que, gracias a las relaciones de amistad y vínculos sanos, podremos resolver gran parte de lo que nos preocupa en la vida ante lo que se nos presenta cotidianamente.
Actualmente, y más que nunca, en muchas ocasiones adoptamos la idea de la perfección que nos presenta la sociedad; los estereotipos que vemos en los medios y la publicidad, tristemente, nos desarmonizan, desestabilizando nuestra salud emocional, física e incluso mental, pues el mundo tan acelerado y materialista nos rebasa. El filósofo Byung-Chul Han, en su libro La sociedad del cansancio, habla de esta autoexigencia y la llama “exceso de positividad”. Parece que las mujeres hemos emprendido una carrera por llegar a todo, y la verdad es que no es posible. Lucía Martínez Alcalde, de la Universidad de Navarra, escribe en su ensayo El arte de no llegar a todo una reflexión sobre los sueños grandes y el caos, sin caer en el cansancio extremo y la frustración. Me parece interesante lo que ella nos sugiere: disculparnos de lo que no hay manera de lograr. Sin embargo, debemos comprender que solas jamás podremos sentir la plenitud de la vida lograda si no aprovechamos la red de apoyo de los demás para cumplir con los roles del trabajo, del cuidado personal y de la familia.
Uno de los regalos más grandes que tenemos los seres humanos es la libertad para poder elegir, entre dos bienes, el mejor; y otro regalo inmenso es la amistad, es decir, los vínculos. Antoine de Saint-Exupéry, en su libro El Principito, relata el diálogo entre el zorro y el principito. Cito textualmente:
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.
—¡Ah, perdón! —dijo el principito.
Pero después de reflexionar, agregó:
—¿Qué significa “domesticar”?
—Tú no eres de aquí —dijo el zorro—. ¿Qué buscas?
—Busco a los hombres —dijo el principito—. ¿Qué significa “domesticar”?
—Los hombres —dijo el zorro— tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?
—Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—. Significa “crear lazos”.
—¿Crear lazos?
—Sí —dijo el zorro—. Para mí, no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo.
Este relato nos invita a reflexionar sobre la importancia de los vínculos: podremos jugar mejor nuestros roles de vida como mujeres porque no solo nos enfocaremos en buscar el sustento —en solo cazar gallinas en la vida—, sino en crear lazos que invitan a la necesidad unos de otros, con amistades sinceras, capaces de ser magnánimas al ver la necesidad de servir al otro para que cumpla con sus tareas, y magnificentes para multiplicar, aprovechando todos los recursos que se tienen.
Finalmente, concluimos este recorrido en el que expertos en teología, filosofía, psiquiatría, antropología y arte literario nos aportaron recursos para reflexionar, ayudándonos a entrelazar conocimientos y experiencias para resolver la vida lograda de manera armónica, por encima del éxito y del balance de la vida.
Las mujeres debemos crear más vínculos que nos ayudarán a gestionar mejor el tiempo; la presión será menor y podremos realizar más y mejores labores.








