Goles sobre fosas: El grito silenciado del juego limpio

Liderazgo
Cultura
Ensayo personal

August 4, 2026

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La fiebre del balón se respira en el aire. México se ha vestido de fiesta, para iluminar sus estadios y desplegar esa calidez hospitalaria que tenemos y que tanto nos gusta presumir ante el mundo. La justa deportiva más grande del planeta está presente. Sin embargo, detrás de la pirotecnia de los palcos y el rugido de la afición, se proyecta una sombra que ninguna luz artificial puede disipar: la de un país que sangra, el de las miles de ausencias que no se nombran en las transmisiones oficiales. ¿Cómo cantar un gol cuando en el eco de la tribuna resuena el silencio de los desaparecidos?


Mirar este escenario desde el Feminismo Centrado en la Persona no es un acto de boicot, sino un imperativo ético de lucidez. Esta corriente no entiende de cuotas abstractas ni de discursos de escaparate; su médula espinal es la dignidad intrínseca e inviolable de cada ser humano, singular e irrepetible. Mientras la geopolítica del deporte celebra estadísticas y promete derramas económicas, este feminismo pone la mirada en el rostro concreto: en la madre que rasca la tierra con las uñas buscando un rastro de su hijo, en la hermana que marcha bajo el sol, en el dolor encarnado que no sabe de treguas futbolísticas.


Existe una desconcertante esquizofrenia social en nuestra cancha. Por un lado, exigimos un "juego limpio" implacable, donde el árbitro asistente de video (VAR) analiza cada milímetro de una jugada y el árbitro castiga la menor infracción. Por el otro, habitamos una realidad donde la impunidad es el director técnico del día a día, donde las reglas del juego social están rotas y las víctimas colaterales de la violencia parecen no importar, siempre y cuando el balón siga rodando.


No se trata de satanizar el balompié ni el legítimo deseo de alegría de un pueblo históricamente golpeado. El juego es un catalizador humano bellísimo. Pero la verdadera "justa" no puede limitarse al terreno de juego. Una sociedad que se desvive por albergar el mundo en su casa no puede seguir barriendo sus tragedias debajo de la alfombra verde del césped.


El Feminismo Centrado en la Persona nos convoca a un urgente ejercicio de empatía y congruencia. Si somos capaces de conmovernos hasta las lágrimas por un gol en el último minuto, tendríamos que ser capaces de indignarnos con la misma fuerza ante la injusticia cotidiana. Que este mundial no sea el opio que anestesie nuestra memoria, sino el megáfono que visibilice que, detrás de esta fiesta, hay una deuda humanitaria pendiente. Que la red del rival no sea lo único que se rompa; rompamos también el pacto de indiferencia. El partido más importante de México no se juega en la cancha, se juega a diario en un juego limpio donde todos tenemos las mismas oportunidades, y la violencia no es nuestro lenguaje. ¡Qué Viva México! Pero que viva mejor. Que cada ciudadano alcance sus sueños y que la Patria nos abrace, proteja y conduzca.

Contributors

Susana Ochoa Torres

Jefa de la Academia de Filosofía Social y de la División de Estudios de Familia del Departamento de Humanidades en la Universidad Panamericana