Experiencia de diálogo entre adultos y jóvenes universitarios sobre el género

Resumen
La diferencia generacional afecta la relación alumnos-profesores universitarios y tiene consecuencias en el aprendizaje. Para promover la apertura al diálogo de esos grupos sobre temas conflictivos, se desarrollaron una serie de talleres para una experiencia de diálogo sobre la cuestión del género. El enfoque fue multidisciplinar incluyendo elementos de filosofía, sociología, comunicación y bioética. Las líneas teóricas de abordaje fueron los “extraños morales” (moral strangers) de Engelhardt, un paralelo con el diálogo intercultural, y la comunicación a nivel de los valores en juego. Este artículo recoge la metodología de los dos días de talleres impartidos en una universidad de México. Los participantes fueron 50 jóvenes (entre 18 y 25 años) y 50 adultos. Se llevaron a cabo 4 talleres y 2 encuestas, intercalados por 3 conferencias. El artículo presenta cada actividad con el correspondiente objetivo de aprendizaje y los resultados. En la conclusión, se ofrecen algunas lecciones sobre el diálogo intergeneracional y sobre el diálogo sobre la cuestión del género.
Palabras clave: diálogo, diversidad sexual, encuentros intergeneracionales, género, relación docentes-alumnos.
1. Introducción
Los talleres que se llevaron a cabo y que se resumen en el presente artículo buscaron responder a la inquietud presentada por el equipo directivo de la Universidad Anáhuac Mayab, ubicada en Mérida Yucatán, México. Los docentes habían expresado que con frecuencia no lograban conectar con los jóvenes estudiantes. La impresión de que la propuesta formativa no interpelaba suficientemente a los alumnos se debía, según su parecer, a que a veces se hacía uso de un lenguaje y unas categorías lejanos a la mentalidad de los jóvenes. Se evidenció la necesidad de entablar un diálogo intergeneracional y superar así la fractura y desconfianza que se daba con frecuencia. El programa de talleres fue diseñado y ejecutado para responder a esta inquietud. Los talleres tuvieron como objetivo favorecer un diálogo efectivo entre los dos grupos: los adultos (profesores y formadores) y los jóvenes (estudiantes), y como tema se eligió la cuestión del género, por ser uno de los temas más difíciles de afrontar en el diálogo entre generaciones. Consideramos que esta metodología podría utilizarse para afrontar otros temas difíciles en el diálogo intergeneracional.
No se pretendió una comprensión exhaustiva y ni siquiera suficiente del género, sino que el interés fue el de centrarse en buscar un verdadero diálogo y encuentro entre jóvenes y adultos. Se trataba de salir de esta experiencia habiendo sido capaz de comprender y recibir algo de la otra generación. Eso exigiría por parte de todos una actitud de apertura y escucha, y ahí estaba el verdadero desafío.
2. Líneas teóricas de abordaje
2.1. De “extraños morales” a sujetos capaces de diálogo y colaboración social
El filósofo americano Hugo Tristram Engelhardt Jr. introdujo las expresiones “amigos morales” (moral friends) y “extraños morales” (moral strangers). Los amigos morales son aquellos con quienes compartimos los contenidos morales con sus reglas de evidencia e inferencia. Extraños morales son aquellos con quienes no compartimos las premisas éticas, y el conflicto puede deberse a su incompatible modo de razonar o a la discrepancia en valores morales (Cf. 1). Nuestra sociedad posmoderna, globalizada y pluralista está compuesta no sólo por “amigos morales” sino también por “extraños morales”. ¿Cómo evitar una confrontación que lleve al conflicto y a la destrucción?, y ¿cómo vivir en una sociedad compuesta por “amigos” y “extraños morales” sin caer en el relativismo que deja de buscar el bien común?
Además de la pluralidad, el fenómeno de la polarización se está haciendo evidente en muchos entornos, trayendo consecuencias negativas para el hombre y la vida en sociedad (Cf. 2). Algunos han explicado el mecanismo de la polarización afectiva (Cf. 3) y sus causas, en donde un factor importante a considerar es el diálogo polarizado en la era digital; sin embargo, no se ha podido probar que las redes sociales sean causa de la polarización (Cf. 4). Algunos han sugerido que el diálogo polarizado no es consecuencia de, sino que se manifiesta en el contexto digital (Cf. 5). Defendemos que es necesario no sólo dar al “extraño moral” el beneficio de la duda, sino también intentar discernir la verdad en su visión moral, ya que esta disposición facilita la comunicación necesaria para el funcionamiento de la vida en sociedad (Cf. 6).
2.2. Utilizar las lecciones del diálogo intercultural
Vamos a utilizar las expresiones “amigos morales” (moral friends) y “extraños morales” (moral strangers) de Engelhardt para hacer una analogía entre el diálogo entre grupos moralmente diversos y el diálogo entre personas de idiomas diversos. La competencia intercultural se refiere a las habilidades, actitudes y comportamientos necesarios para mejorar las interacciones en la diferencia, ya sea dentro de una misma sociedad (diferencias de edad, sexo, religión, estatus socioeconómico, afiliación política, origen étnico, etcétera) o a través de las fronteras (Cf. 7).
Para dialogar con alguien de una cultura distinta, es necesario un idioma común. En primer lugar, es necesario aprender las palabras, el vocabulario, las expresiones propias del otro idioma. En este proceso nos damos cuenta de que hay palabras idénticas o muy similares que se usan con diferentes significados. Hay conceptos que tienen más matices en un idioma que en otro, y algunos idiomas tienen términos que simplemente no existen en otros y hacen difícil la traducción, sin que esto suponga que la realidad que significan no exista en otra cultura.
En segundo lugar, la comunicación con un extranjero no se reduce a la comunicación verbal; también los gestos y el lenguaje corporal son importantes. Hay cosas que no se dicen, pero que invitan, agradan, molestan u ofenden, y que hay que aprender a diferenciar. Un paso posterior a la comunicación verbal y corporal se da cuando se conocen los gustos, las tradiciones, las cosas que la otra cultura disfruta. Lo anterior es también comunicación intercultural y ayuda a conocer y entender los valores de la otra cultura. Otro paso, no fácilmente alcanzable en el diálogo intercultural, es el de entender los miedos, que son fuente de los rechazos expresados por la otra cultura.
Una actitud de apertura hacia lo diferente es de suma importancia. Para aprender palabras, conceptos y comportamientos, para conocer la historia, las razones, los valores, los gustos y los miedos del otro, es necesario dialogar y compartir con el otro.
La comparación del diálogo intercultural con el diálogo entre “extraños morales”, en este caso concreto el diálogo intergeneracional, muestra una verdad importante: uno no deja de ser quien es por saber dialogar con quien es diferente. El diálogo no implica ni olvidar ni renunciar a lo propio, ni siquiera cambiar gustos. Aprender un nuevo idioma no implica olvidar el idioma materno; significa aprender nuevos modos para comunicarse, e incluso enriquecer los propios conceptos. De hecho, se puede llegar a ser amigo de un “extraño moral”.
2.3. Espacio seguro para que el diálogo pase de los conceptos a los valores en juego
Resulta evidente que este tipo de diálogo requiere más que confrontar ideas. Implica no sólo buscar el entendimiento mutuo en el nivel de las ideas, sino también de los valores. Nuestra sociedad pluralista y al mismo tiempo tan amenazada por polarizaciones necesita de este tipo de diálogo, para reducir los prejuicios entre los grupos (Cf. 8, 9).
Es crucial llegar a la pregunta de ¿por qué le importa al “extraño moral” un determinado tema, una determinada afirmación? Cuando él siente que tiene el espacio seguro para hablar, compartirá este por qué, revelando los valores que están detrás de su postura. Los valores son bienes percibidos que se quieren alcanzar y se teme perder. Por lo tanto, se tiende a orientar las acciones hacia ellos, y a protegerlos con las decisiones. Si el diálogo se queda sólo en confrontaciones y defensas de las propias ideas, no se llega a conocer los valores en juego. Poco o nada de constructivo sale de esos “diálogos”.
3. Método
Para estos talleres, la universidad reunió a cincuenta adultos y cincuenta jóvenes. Los jóvenes tenían entre 18 y 25 años. Tanto los jóvenes como los adultos provenían de distintas carreras y ámbitos de la universidad.
La experiencia se desarrolló a lo largo de 2 días, donde se intercalaban conferencias sobre el género y talleres orientados a provocar el diálogo intergeneracional sobre el tema. El grupo de 100 personas participó en 4 talleres y 2 encuestas, además de 3 conferencias. Los talleres se realizaron en modalidad intensiva: de 9:00 a 18:00 hrs., con comida incluida, por dos días consecutivos. Los tiempos de pausa y convivencia favorecieron el clima de confianza y encuentro. Las conferencias tenían como objetivo aportar perspectivas e información sobre el tema en cuestión, que ayudara a que los participantes revisaran, precisaran y reformularan sus posiciones. La dinámica de los talleres siguió una línea de diagnóstico, luego de apertura al diálogo por parte de los grupos, seguidos por ejercicios de diálogo, y finalizando con el balance del mismo.
Actividades, modalidad y resultados de aprendizaje:
- Encuesta inicial. Individual (anónima). Resultado: explicitar la desconfianza hacia el grupo con una visión diversa.
- Lluvia de ideas y selección de condiciones y compromisos para el diálogo. Grupos por generaciones, con sesión plenaria. Resultado: concretar las condiciones y el compromiso para el diálogo.
- Preguntas guía: conceptos y definiciones. Grupos mixtos (generaciones mezcladas), con sesión plenaria. Resultado: convencimiento de la posibilidad de un espacio en el cual expresar con libertad las diversas opiniones.
- Cuadro guía 1: convergencias y divergencias. Grupos mixtos. Resultado: identificar convergencias y divergencias de ideas.
- Cuadro guía 2: revisión y conceptualización más precisa de las convergencias y divergencias. Grupos mixtos, con sesión plenaria. Resultado: revisar las convergencias y divergencias de ideas después de la discusión plenaria.
- Balance del diálogo. Grupos mixtos, con sesión plenaria. Resultado: recoger lo aprendido en la experiencia de diálogo y generar ideas de cómo continuar el diálogo.
4. Resultados
4.1. Encuesta inicial
La primera actividad consistió en que todos los participantes rellenaran un módulo anónimo. Esta encuesta buscaba concretar cómo se veían a sí mismos y a la otra generación en relación con el género. El módulo fue contestado por 76 personas. Se recogen a continuación algunas de las respuestas más representativas a cada pregunta, respetando su formulación original.
1. Respecto a la cuestión del género, la otra generación no comprende que…
- Nuestra generación es de mente abierta.
- Lo peligroso de su planteamiento y repercusiones a mediano plazo.
- A los mayores les cuesta aceptar los cambios en roles y sexualidad.
- Mi vida es diferente a lo que ellos vivieron.
- Pueden existir distintos géneros y cada persona es lo que decide ser con base en su historia y experiencias.
- La plenitud de la felicidad está en seguir la ley natural que tenemos inscrita en nuestro corazón.
- Las etiquetas no importan.
- Mi vida ha sido formada por ellos, pero tengo el privilegio de decidir mi propio camino.
- Que no buscamos cosas locas.
- Que existen más de dos, que es una cuestión de la identidad de la persona.
- Que hay realidades objetivas, que no dependen de opiniones ni de épocas.
- Tenemos diferentes opiniones que deben de ser escuchadas.
- Que existen sólo dos géneros.
- Que es una identidad que no debería de estar sujeta a normas sociales.
- Que algunas personas no se identifican con lo que se había establecido como un “género”.
- El reconocerme como hombre o como mujer es una forma muy plena de ser feliz.
- Sí, hemos pasado por las mismas inquietudes y tribulaciones que ellos.
- Ante todo, debe de primar el respeto y la empatía por cada persona.
- El mundo está en constante cambio.
- Hay muchas cosas que han cambiado con respecto al género.
Las respuestas a esta primera pregunta van en dos direcciones: algunas apuntan más a la cuestión del género en sí y cómo se entiende —si hay dos o más géneros, el papel de los roles y de la sexualidad, y si existe o no una ley natural—. La mayoría subraya la diferencia de actitudes de las dos generaciones: si son más o menos abiertas al cambio, a la tolerancia o a las etiquetas.
2. Cuando expreso mi opinión sobre un tema relacionado con el género ante una persona de la otra generación…
- No respetan a géneros que consideran diferentes.
- No me entienden, se cierran en su idea y no son abiertos a escuchar cómo son las cosas ahora.
- A veces entienden.
- Por lo general los noto cerrados.
- Con respeto intento expresar mis ideas, pero cuando veo que puede haber un choque prefiero no hablar.
- Lo rechaza, generalmente.
- Siento miedo de ser etiquetado y no ser escuchado.
- Me siento obligada a responder cómo ven ellos las cosas.
- Consideran que quiero enseñarles o que no sé nada.
- Siento un poco de miedo a cómo van a reaccionar.
- Son un poco cerrados, con ideas arcaicas.
- Es difícil hacer un vínculo.
- Se contraponen.
- Prefiero evitar la confrontación.
- Que yo estoy en otro mundo.
- No trata de comprender lo que estoy expresando.
- Espero una posición radical no abierta al diálogo respetuoso.
- Me da miedo el daño emocional y la reacción de no pensar como ellos.
- Creo que nunca he sido abierta al respecto con la otra generación.
- Me siento a años luz de lo que ellos viven o vislumbran.
La tercera pregunta confirma esta desconfianza mutua. Las dos generaciones se sienten desacreditadas recíprocamente y consideran que este prejuicio hace muy difícil la verdadera comprensión. Es interesante resaltar el sufrimiento que esto supone.
3. Considero que los adultos/jóvenes piensan que nosotros…
- No los entendemos.
- Somos incapaces de pensar en lo correcto y en lo erróneo.
- Buscamos violentarlos cuando no es así.
- No estamos de su lado.
- Estamos equivocados al hacer las cosas diferentes.
- No somos tolerantes.
- Queremos coartar su libertad, violentarlos.
- Que no sabemos nada, que somos ignorantes.
- Solo queremos vivir una vida relax.
- Etiquetamos.
- Que no estamos abiertos al cambio.
- Queremos prohibirles cosas.
- No tenemos conflictos de género.
- Estamos jodidos por la forma en la que pensamos y queremos hacer las cosas.
- Somos frágiles, una generación “de cristal”.
- No podemos comprenderlos, y que sus problemas son diferentes a los nuestros.
- Somos apretados y mochos, anticuados.
- Nos ponen un molde de rebeldes, irresponsables. Que estamos perdidos por la tecnología y otras cosas.
- Vivimos en un libertinaje desenfrenado.
- Queremos oprimirlos.
En cuanto a las consecuencias de la desconfianza, las dos generaciones estaban convencidas de que, si las decisiones dependieran de la otra, las cosas irían “objetivamente” mal, señalando ambas que habría injusticias y daño a las personas.
4. Si las políticas de género dependieran totalmente de la otra generación…
- No habría libertad de expresión.
- Seríamos una generación dividida.
- La otra generación estaría inconforme.
- Un caos.
- Seríamos más libres pero el concepto de límite sería borroso.
- Nos limitarían la opción a cuestionarnos.
- Habría más opresiones y discriminación.
- Desorden y confusión.
- Complicado.
- Todo se aprobaría sin suficiente reflexión, y con consecuencias negativas en el futuro.
- No progresaríamos. Hay que evolucionar.
- Los lobbies de izquierda los manipularían y harían aún más daño que ahora.
- Libertinaje.
- Seríamos más libres.
- Todo sería permitido, sin principios ni valores universales.
- Habría escasez de libertad de expresión y de identidad.
- Tendríamos miles de baños diferenciados.
- No habría crecimiento ni desarrollo.
- No contarían con una visión de género y terminarían violentando los derechos humanos de los demás.
- Muchas personas se sentirían frustradas e incomprendidas.
Sobre los adjetivos usados para caracterizar a la otra generación, sólo tres respuestas tenían un matiz que podría considerarse positivo: “libres, diversos, incluyentes” y “sensibles, empáticos”, además de “ideas acertadas” (aunque asociada a “cerrados”).
5. Tres adjetivos que caracterizan la actitud de la otra generación con respecto al género:
- Ignorancia, irrespetuoso, necedad.
- Defensivos, cerrados, impuestos.
- Incertidumbre, miedo, confusión.
- Libres, diversos, incluyentes.
- Cerrada al diálogo. Desinformada. Sin datos.
- Relativismo, radicalización, confusión.
- Libertinaje, sin límites, capricho.
- Feo, raro, limitado.
- Intolerancia, falta de empatía, apatía.
- Distante, dañino, preocupado.
- Libre, fluido, sin etiquetas.
- Cerrados, aunque con ideas acertadas.
- Rebeldía, intolerancia.
- Extrema generalización y polarización. Intolerancia. Falta de apertura.
- Incomprensivo, obsoleto, anticuado.
- Sensibles, victimistas, empáticos.
- Actitud misogina, homófoba y estancada.
- Radical, confrontadora, egoísta.
- Cerrazón, imposición, no actitud de diálogo.
- Desconocimiento, impulsivo, temor.
- Prepotente, altanero, irrespetuoso.
- Retadora, inestable e intolerante (por no aceptar la verdad).
Las últimas dos preguntas pusieron de relieve la frustración de adultos y jóvenes ante la otra generación, dejando entrever los valores que cada generación defiende y el sufrimiento asociado a sentir que la otra no está abierta a comprender y dialogar.
6. Me hiere que los adultos/jóvenes…
- Crean que siempre están bien.
- Vean mal mis acciones.
- Me cataloguen sin escuchar.
- No escuchen.
- Supongan que no sé.
- Rechacen lo que para mí es valioso.
- No consideren como válidas nuestras ideas.
- Crean que somos el enemigo.
- Nos hagan sentir juzgados y con miedo, y que por eso a veces no podamos acercarnos a ellos y expresar nuestras inquietudes.
- No piensen en el futuro y en la importancia de la familia.
- Me vean como un tonto, crean que no entiendo, que no podemos hablar.
- Sean egocéntricos.
- Nos subestimen por ser menores de edad.
- No comprendan los nuevos puntos de vista de la vida.
- Desacrediten mis principios. Piensen que sólo queremos juzgar y señalar.
- No se den cuenta de que sus palabras a veces transmiten discursos de odio.
- Crean que nos pueden controlar y tomen decisiones por nosotros.
- Me parece triste que los adultos no sólo desacrediten los temas, sino que ataquen a las personas.
- No quieran trabajar juntos para construir algo juntos, y sólo esperan que nos adaptemos a su molde.
7. Me da miedo que los adultos/los jóvenes…
- No me acepten.
- Tengan respuestas equivocadas.
- Se polaricen sin escuchar.
- Se pierdan en una existencia vacía y sin propósito.
- Se exalten y busquen una gran pelea, que haya represalias.
- No encuentren verdad.
- Me cataloguen y difamen.
- Lastimen y limiten a los jóvenes por no tener las mismas ideas.
- Sigan creyendo que nuestra generación es mala y que hacemos cosas incorrectas.
- Lleguen a la edad de la vejez sin comprender aún a sus hijos, sobrinos, nietos.
- Sean radicales o extremistas en sus posturas.
- Emitan comentarios agresivos respecto de la postura de los jóvenes.
- No sigan los consejos de los mayores.
- Se destruyan.
- Nunca encuentren en nosotros interlocutores de confianza.
- No muestren apertura y sean intolerantes.
- Sigan tomando decisiones sin abrirse a cómo son hoy las cosas.
- Pierdan los principios como el respeto a la vida.
- Por falta de entendimiento del bien, hagan cosas horribles.
- Sigan tomando decisiones basados en creencias arcaicas, y que esto afecte a nuestro futuro.
La síntesis de esta primera encuesta evidenció el punto de partida del segundo taller: la desconfianza recíproca entre las dos generaciones e incredulidad acerca de la necesidad o de la posibilidad de un verdadero diálogo.
4.2. Lluvia de ideas y selección de condiciones y compromisos para el diálogo
Después de este primer ejercicio se hicieron equipos por generaciones: cinco equipos de jóvenes y cinco de adultos. Se les pidió que concretaran cuatro cosas: qué querían pedir, qué estaban dispuestos a dar, qué podría bloquear el diálogo, y cuáles serían las ventajas de que este diálogo funcionara. En la presentación de resultados no se distingue entre las aportaciones de jóvenes y de adultos.
Queríamos pedir: responsabilidad afectiva, apertura, empatía, respeto, no a la defensiva, comprensión, paciencia, caridad, acogida, y la libertad de equivocarnos con la empatía de corregirnos/acompañarnos.
Queríamos dar: respeto auténtico, apertura, posibilidad de construir juntos, nuevas perspectivas, escucha activa, una razón para maravillarse, testimonio, flexibilidad, encuentro, experiencia, paciencia, conocimiento, cultura y esperanza en base a la experiencia.
Nuestros bloqueos: imposición de ideas, choque de contextos, falta de paciencia, que se vuelva un debate (ganar/perder), lenguaje, soberbia intelectual, prejuicios, no escuchar, ideologías, no encontrar lenguaje común, mentalidad rígida, etiquetar, ignorancia y lenguaje distinto.
Ventajas: conocer los puntos de vista de la contraparte, generar acuerdos, que nos define y da identidad, nuevas perspectivas, que el diálogo se convierta en acciones, empatía, escucha, comprensión, resiliencia, crear espacios seguros, desarrollo del pensamiento, posibilidad de entender al otro, un primer paso en la búsqueda de encuentro, y muestra de buena voluntad.
Lo que más pidieron todos fue apertura (5 veces), seguida de empatía (3 veces). Lo que estaban más dispuestos a aportar fue “nuevas perspectivas” (4 veces), seguida de respeto y empatía (2 veces cada una). En cuanto a los bloqueos, se señalaron los prejuicios (5 veces), la falta de escucha (4 veces) o de paciencia (3 veces). Las ventajas se centraron en la comprensión, el encuentro y la posibilidad de construir juntos.
4.3. Preguntas guía: conceptos y definiciones
Una vez definido el compromiso de cada uno, empezaron los trabajos propiamente dichos. Se hicieron 10 equipos mezclados de adultos y jóvenes. Las preguntas guía fueron: ¿qué es el género?, ¿quién inventó el término “género”?, ¿qué piensa la Iglesia sobre el género?, y ¿qué suscita en mí esta palabra? No se pidió llegar a ningún consenso; cada respuesta se recogió sin correcciones ni comentarios.
Destacó la diversidad de opiniones: algunas señalaban con precisión quién y cuándo había inventado el término (la mayoría se refería a John Money a finales de los años 60), mientras que otras decían que siempre había existido. Sobre la opinión de la Iglesia, la mayoría de las respuestas subrayaban un juicio negativo: que no estaba de acuerdo, que lo consideraba peligroso, una ideología, etcétera. La heterogeneidad fue particularmente notable en los sentimientos que suscitaba la palabra género: desde el miedo a la confianza, libertad o dictadura, alivio o temor.
Para iluminar estas respuestas se presentó una conferencia sobre la génesis del término: cómo se introdujo en la psicología, el feminismo y la política, la reacción inicial de la Iglesia y su evolución. Ayudó a comprender que parte de la confusión provenía de la no distinción de niveles —el ámbito existencial, el antropológico y el político— en los que normalmente se plantea el diálogo.
4.4. Cuadro guía 1: convergencias y divergencias
En el segundo trabajo por equipos, las preguntas guía fueron: ¿qué es el sexo?, ¿cómo se relacionan sexo y género?, y ¿ser varón y mujer es algo natural o cultural? Los equipos organizaron sus respuestas en principales respuestas, puntos de encuentro y puntos por iluminar, lo que requería una mayor comprensión de las distintas ideas.
La definición de sexo no presentó particulares dificultades, mientras que las otras dos preguntas fueron menos claras. Sobre la relación entre sexo y género, unos decían que eran lo mismo, otros que eran realidades independientes, y otros que no sabían. Sobre ser varón o mujer, hubo quienes dijeron que era natural, otros cultural, y otros que ambas cosas. Tras esta exposición se presentaron distintas teorías de género, evidenciando ventajas y puntos frágiles de cada una, y quedó claro que no era preciso hablar de “la” teoría o “la” ideología de género, sino que era necesario considerar la heterogeneidad de las teorías.
4.5. Cuadro guía 2: revisión y conceptualización más precisa de las convergencias y divergencias
El siguiente ejercicio consistió en volver al cuadro anterior y revisar o matizar algunos puntos a raíz del intercambio en sesión plenaria y de la conferencia teórica. Casi todos los equipos reformularon algunas de sus ideas. En particular, quedó más claro para todos que el ser varón y mujer era natural y cultural al mismo tiempo, con una mayor convergencia general.
Una última conferencia desarrolló el papel de los distintos ingredientes que entran en juego en la identidad —cuerpo, psique, cultura, libertad—, mostrando qué elementos privilegiaba cada teoría de género. Los participantes confirmaron que las conferencias habían ayudado a revisar sus propias ideas y a cambiar de posición en algún aspecto.
4.6. Balance del diálogo
Al final de cada ejercicio de diálogo por equipos, se pedía un balance con las preguntas: ¿qué me ayudó durante el diálogo?, ¿qué no me ayudó?, ¿qué he aprendido?, y ¿tengo algo que agradecer? En un último trabajo por equipos se pidió expresar lo aprendido del diálogo.
¿Qué hemos aprendido acerca del diálogo estos días?
- ¡Que sí se puede!
- Que hacen falta espacios seguros para poder confiar y platicar de estos temas.
- Que no es del todo cierto que los jóvenes siempre piensan como los otros jóvenes y que los adultos siempre piensan como los demás adultos.
- Que compartimos muchas ideas y valores.
- Que ha sido posible porque hay respeto y apertura.
- Se estableció un ambiente seguro, de confianza.
- Ha sido posible por el modo en el que se ha dirigido todo el encuentro.
- Ha sido posible porque nos hemos esforzado en superar las polarizaciones.
- Que llegamos con ideas sobre la otra generación que estaban equivocadas.
- Que es posible dialogar sin discutir, gracias a que se han afrontado temas polémicos sin tono polémico.
- Que ha sido posible por el respeto, escucha activa, hacernos vulnerables.
- Ha roto los esquemas o preconcepciones que traíamos.
- La importancia de hacer puentes a través de la empatía, la conexión, el respeto y la humildad.
- Apertura al aprendizaje.
- Que sí es posible, que tenemos como barrera el miedo y que tenemos que perder el filtro y no temer a ser juzgados.
- Que todas las personas, independientemente de su edad, tienen algo valioso que aportar.
- Que necesitamos la experiencia y el conocimiento de ambas generaciones.
- Fue posible porque todos tuvimos la actitud de aprender, de escucha asertiva y la voluntad.
- Que es posible, indispensable.
- Que no nos entendemos porque hemos vivido cosas diferentes, pero que existe una gran voluntad de entendernos.
- Que es normal que seamos diferentes.
- Que somos complementarios, no opuestos.
- Que es fundamental establecer un pacto de buena voluntad desde el inicio.
¿Cómo podríamos crear más espacios como éste?
- Perdiendo el miedo, fomentando el respeto y la responsabilidad.
- Mesas de trabajo como espacios seguros.
- Grupos de diálogo para fomentar espacios como éste.
- Establecer vínculos de confianza; debe de ser una propuesta de ambas partes.
- Es necesario hacer pausas y dar espacios para el diálogo.
- Replicar este evento extendiéndolo al resto de la comunidad.
- Dar la certeza de que en la universidad se puede hablar de todo, y que no se juzga a nadie.
¿Qué propondríamos a la universidad?
- Capacitación a todos los maestros.
- Ampliar talleres como éstos, sobre otros temas.
- Hacerlo fuera de la universidad.
- Abrir espacios de diálogo sobre estos temas y otros relacionados.
- Ofrecer herramientas para poder sanar las heridas que vemos en los formadores y en los adultos.
- Cambio de metodología en algunas clases, para favorecer el diálogo intergeneracional.
- Incorporar lo aprendido en las clases y ámbitos de trabajo.
Como actividad final se propuso a los participantes resumir en una palabra cómo sintetizarían la propia experiencia. Las palabras más repetidas fueron: alegría, encuentro, esperanza, “sí se puede”, puente, conversión, empatía, diálogo, sorpresa, nuevo camino. La alegría de todos fue la nota más característica de este momento conclusivo.
5. Discusión y conclusiones
Las conclusiones van en dos líneas: por un lado, la experiencia misma de diálogo y la metodología utilizada; por otro, la cuestión específica del género.
Por lo que se refiere al diálogo, se considera que éste fue favorecido gracias a algunos elementos del método, en particular:
- La creación de un espacio seguro, donde había compromiso explícito de que se podían expresar las propias opiniones con libertad y respeto.
- El compromiso asumido por todos para hacerlo posible, habiendo individuado antes los miedos y posibles bloqueos.
- La conciencia de que no se trataba de ganar un debate, sino de que todos salieran enriquecidos: el planteamiento de los talleres no fue dialéctico, sino dialógico.
- La conducción suave de las sesiones plenarias, que buscaba ofrecer elementos de reflexión y no dar respuestas cerradas.
- Una metodología precisa de los trabajos por equipos, que encauzaba y ordenaba la reflexión y la escucha recíproca.
- La demostración de que es posible hacer un ejercicio crítico y de aprendizaje con jóvenes y adultos al mismo tiempo, y que este ejercicio lleva a que las ideas iniciales se maticen o cambien significativamente.
En lo que se refiere al género, la experiencia confirmó que la polarización desde la que normalmente se afronta el debate requiere de una paciente distinción de niveles, conceptos y matices. Sin estas distinciones es inevitable caer en posiciones reductivas, que se ideologizan fácilmente:
- La importancia de distinguir los niveles desde los que se afronta el diálogo. El debate suele afrontarse sólo desde el nivel ético o político, sin llegar a un nivel más profundo —el antropológico—, que a su vez se sostiene en un nivel gnoseológico y metafísico rara vez explicitados. Sin clarificar estos presupuestos de fondo, resulta muy difícil llegar a consensos en el nivel ético o político.
- La necesidad de distinguir y definir adecuadamente los conceptos. El término género no es unívoco, y ahí reside la gran dificultad: existen formas muy distintas de entenderlo. Tanto jóvenes como adultos se acercan a este tema desde ideas más o menos simplistas, que reducen la complejidad de lo real.
- La cuestión del género es una cuestión importante, con evidentes consecuencias sociales según cómo se conciba. La polarización cultural y entre generaciones que se suele dar en este tema impone la necesidad de un cambio de paradigma en la forma de afrontarlo.
Los talleres propuestos en este artículo no son un modelo perfecto, pero se ha constatado que el diálogo intergeneracional sobre el género fue realmente favorecido y valorado positivamente por los grupos participantes. Los talleres llevaron a que los dos grupos dejaran a un lado el miedo de herirse mutuamente, la desconfianza recíproca y la incredulidad de que el diálogo fuese posible. Los participantes terminaron expresando sorpresa y alegría de que este diálogo hubiera sido posible, y generaron ideas de cómo continuar y reproducir esos espacios entre profesores y jóvenes universitarios. Se podría considerar que pasaron del paradigma de la guerra cultural al paradigma del diálogo.
Referencias
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- Rodríguez M. Teoría de género: presupuestos y raíces filosóficas. Rome: G&B Press; 2022.
Publicado originalmente en Medicina y Ética, Enero-Marzo 2024, Vol. 35, Núm. 1. Esta obra está bajo licencia internacional Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-CompartirIgual 4.0.





